Bejís celebra el 750 aniversario de su Carta Puebla con una jornada que revive la época medieval

El municipio del Alto Palancia conmemora el 8 de agosto el documento fundacional, otorgado por la Orden de Calatrava en 1276, días después del fallecimiento de Jaume I. El programa incluye pasacalles, teatro, un coloquio histórico y la inauguración de un mural cerámico.

Bejís se dispone a echar la vista atrás y viajar hasta el siglo XIII. El próximo 8 de agosto, esta localidad de la comarca del Alto Palancia celebrará el 750 aniversario de su Carta Puebla, el documento que en 1276 dio origen a la villa y que, siete siglos y medio después, se mantiene como el pilar fundamental de su identidad y su memoria histórica. Bajo el lema «750 años juntos», el Ayuntamiento ha organizado una intensa jornada de actos que promete sumergir a vecinos y visitantes en la atmósfera de la Edad Media.

La fiesta arrancará a las 12:00 horas con un animado pasacalle medieval que recorrerá las calles del municipio. Una hora después, a las 13:00, tendrá lugar un brindis conmemorativo acompañado de juegos medievales para los más pequeños, y a las 13:15 se abrirá la taberna medieval, un espacio donde los niños podrán seguir disfrutando de las actividades lúdicas mientras los mayores degustan la gastronomía de la época.

La programación vespertina reserva el apartado más académico y reflexivo. A las 19:45 horas, el historiador José Hinojosa Montalvo ofrecerá una conferencia coloquio sobre la Carta Puebla. Tras su intervención, se abrirá un turno de preguntas para que los asistentes puedan resolver todas sus dudas acerca de este trascendental documento. El acto supondrá una oportunidad única para conocer en profundidad las claves históricas y legales que marcaron el nacimiento de la villa.

Ya al anochecer, a las 20:30 horas, llegará el turno del teatro. El grupo local Arabogue Teatro representará la obra «Carta o carga puebla», una comedia que, según sus creadores, utiliza el humor para narrar los hechos históricos, dotándolos de un enfoque humanista y poniendo en valor tanto la vida cotidiana de los colonos cristianos que llegaron a la zona como la de los musulmanes que habitaban el territorio y que tuvieron que abandonarlo. Tras la función, los asistentes podrán participar en una cena de sobaquillo medieval.

El broche de oro de la celebración llegará a las 23:00 horas con una procesión cívica y la inauguración de un mural cerámico conmemorativo, un acto que estará acompañado por un espectáculo de fuegos artificiales que iluminará el cielo de la villa.

La alcaldesa de Bejís, María José Madrid, ha animado a todos los vecinos y visitantes a sumarse a esta cita, a la que ha calificado como «una ocasión única para celebrar juntos nuestras raíces y mirar al futuro con orgullo».

Un documento firmado tras la muerte del rey

La Carta Puebla de Bejís fue otorgada el 18 de agosto de 1276, una fecha que encierra una particularidad histórica que a menudo pasa desapercibida. Contrariamente a lo que podría pensarse, el documento no lleva la firma del monarca Jaume I, ya que fue concedido veintidós días después del fallecimiento de este, ocurrido el 27 de julio de ese mismo año. El territorio de Bejís había sido conquistado para la Corona de Aragón por Pedro Fernández de Azagra, y desde 1228 había permanecido bajo dominio cristiano, aunque sin una repoblación organizada. A pesar de que algunos cristianos se habían asentado en la zona, no fue hasta la concesión de esta carta cuando se impulsó una colonización sistemática y estructurada.

El documento no fue otorgado directamente por la monarquía, sino por la Orden de Calatrava, a quien Jaume I había cedido la propiedad de estos territorios. Fue el comendador mayor de la orden, con sede en Alcañiz, quien firmó la carta en Segorbe. La orden se encargó de traer colonos del Bajo Aragón, principalmente de Cantavieja, para repoblar la villa. A cada familia se le asignaba un lote de casa y tierra, conocido como quiñón, y a los pobladores se les llamaba quiñoneros.

Uno de los aspectos más singulares de esta carta es que sometía a Bejís al Fuero de Valencia, una excepción en la provincia, ya que otras poblaciones cercanas como Viver quedaron bajo el Fuero de Aragón. Esta adscripción implicaba, por ejemplo, que los habitantes de Bejís estaban obligados a acudir a las levas militares convocadas desde la capital valenciana. Los colonos que llegaban eran hombres libres que, aunque debían cumplir ciertas condiciones, podían marcharse y vender sus propiedades pasados dos años.

Las condiciones de la repoblación, al detalle

La Carta Puebla revela con precisión las condiciones impuestas por la Orden de Calatrava. El texto establecía que el número total de pobladores sería de exactamente 110, y reservaba para la orden una serie de derechos estratégicos: los molinos, hornos, baños, mercado y peso; el regadío del camino que cruza el río hacia El Toro; diversas viñas junto al castillo; y el río como coto de caza, entre otros bienes.

A cambio, los pobladores recibían el término completo de Bejís con todas sus aguas, acequias, montes y terrenos, y quedaban exentos de pagar tasas por el uso del peso y la medición. Como contraprestación, debían abonar un tributo anual de 500 sueldos reales en Navidad y 50 sueldos por el concepto de hospedaje, además de entregar el diezmo y la primicia de las cosechas, aunque el queso quedaba exento de este pago.

La carta también regulaba el día a día de los nuevos vecinos. Los hornos cobrarían una tasa de cocción de uno por cada treinta panes; se les permitía cazar conejos y perdices para su consumo; y podían nombrar cada año jurados, almutacén (inspector de pesos y mercados), corredores y acequieros, aunque debían presentarlos ante la orden para su aprobación. El justicia, sin embargo, era nombrado directamente por la Orden de Calatrava y se renovaba anualmente siguiendo la costumbre de Valencia.

Otras cláusulas reflejan el carácter defensivo y estratégico de la repoblación: los pobladores no podían vender sus propiedades a clérigos, caballeros ni personas religiosas, sino únicamente a hombres de su misma condición plebeya, y tenían la obligación de residir personalmente en la villa. Quienes no se establecieran antes de la fiesta de San Miguel perderían sus derechos sobre los quiñones. Siete siglos y medio después, aquel pacto fundacional sigue siendo el espejo en el que Bejís se mira para entender su pasado y afianzar su futuro.

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